A menudo se asocia a la literatura infantil con la
educación, pues se supone que esta literatura se presenta en la edad indicada
en que estamos aprendiendo las bases de lo que seremos cuando seamos adultos,
por lo que se intenta establecer que sea más que una expresión artística y por
lo tanto cumpla el rol educativo; que enseñe y deje moralejas a los niños. Sin
embargo, la literatura en general ha perdido ese toque “sacro” y
formativo, de tal modo que el autor tiene la libertad para expresar sus ideas,
cotidianas y subversivas, y el lector tiene la libertad de interpretar a su
modo.
La literatura Infantil y Juvenil dejó de ser un espacio estrictamente
moralizador, y de presentar sólo mundos perfectos a los niños. Ya no
encontramos únicamente libros donde se educa a los lectores a
comportarse, al contrario descubrimos discursos de alta controversia, de
cuestionamiento y reflexión, dando a los lectores un espacio para desarrollarse
como lectores críticos o sencillamente permitirles soñar.
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| Ricardo Siri Liniers |
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