martes, 3 de junio de 2014

Los libros silenciados (3)

"Allí donde se comienza quemando libros, se termina quemando hombres"  decía  Heinrich Hein
En 1821,  indicando cuán delgada puede ser la línea  entre la  prohibición de un objeto, o sea, el libro y una acción, o sea, la lectura y la vida misma del escritor y el lector.
Quizás sea visto como natural el hecho que se prohíban ciertas lecturas a ciertas edades, o en ciertos contextos, pero de ninguna manera puede ser visto como inocuo cuando se flagelan los derechos básicos de un ser humano. Entonces, ¿por qué no nos causa lo mismo una prohibición igual que la otra? ¿Por qué la vemos a una inofensiva y a la otra no?

¿Qué es lo que se puede escribir? ¿Qué es lo que se puede leer? son las preguntas que pensándose inofensivas, definen el inventario de libros que pueden ocupar una estantería en una escuela o en una biblioteca pública. Sin embargo, son las mismas que han definido el destino de muchos escritores y millones de libros censurados  por mandatos poderosos,  por considerarlos inapropiados para el pensamiento que han querido direccionar.

En la historia de los libros, todo el tiempo se les han manipulado para el servicio del poder, de manera que se ha incentivado la lectura de algunos y, sobre todo, se han censurado aquellos que no le han acomodado a las clases dominantes, parando su producción y difusión por completo.

Con especial exigencia la literatura infantil ha sido sometida a  juicios de valor: de lo que se debe escribir en literatura infantil; hasta qué limite se le puede acercar temas de adultos a los niños, porque no sabemos si están preparados o no para tratar diversos temas, o si corresponde o no tratarlos. Sin embargo, encontramos muchos cuentos destinados a tratar temas que pueden transformarse en una verdadera incomodidad para los adultos, como el tema de la muerte o los accidentes fatales,  es el caso de libros como Mi amigo el pintor que narra la historia de un niño que sufre la pérdida de su amigo, que se ha suicidado; o La tristísima historia de las cerillas, que narra cómo  Paulina, la niña protagonista, se incendia a raíz de jugar con fósforos, libros que fácilmente pueden considerarse inapropiados para ciertas edades.
 La censura se aplica cuando se considera que las temáticas no son para niños o porque no conviene que lo que  propone el escritor se difunda, aquí es cuando se convierte en una herramienta de control político, desencadenando durante los años de totalitarismo en el mundo la masificación de la censura  en los libros y en todos los medios de expresión.

Al funcionar como medio de aprendizaje y reflexión, la literatura compromete el pensamiento de los niños, ampliando su mundo imaginario y desarrollando su pensamiento creativo y reflexivo. Por esto, durante la dictadura en Argentina se censuraron libros, se quemaron e hicieron desaparecer. Desde la televisión, las revistas, periódicos y en la misma escuela se trasmitían las instrucciones a la ciudadanía para detectar cualquier tipo de libros que no se condijera con el régimen de entonces, expandiendo la idea de que ciertos libros no eran aptos para leer, pues atentaban contra la nación y el desarrollo intelectual sobre todo de los más jóvenes. Se llevó a cabo una masiva expropiación de libros en todo el país, en cuanto a lectura, posesión y edición.
Entre algunos de los textos literarios que fueron perjudicados por la represión intelectual, podemos nombrar a  “La torre de Cubos”, de Laura Devetach; “Un elefante ocupa mucho espacio”, de Elsa Bornemann; “El pueblo que no quería ser gris” de Beatriz Doumerc, “La ultrabomba” de Mario Lodi y muchos más. Los cuales fueron prohibidos debido a su contenido crítico y cuyos autores sufrieron la injusticia militar, fueron censurados y no pudieron volver a editar hasta terminada la dictadura en su país.


En Chile, durante la dictadura, se acabó con la producción total de la editorial Quimantú, que se encargaba de difundir la literatura y acercarla a la población más pobre. La dictadura en nuestro país estableció y naturalizó la censura, en todos los medios de expresión social, en la radio, la televisión y las editoriales de prensa y literatura se ha mantenido hasta los días de hoy una misma línea de pensamiento. 

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